jueves, 2 de octubre de 2008

Montreal. Capítulo III


Nuestra selección va viento en popa, tanto en Venezuela como en Canadá. Las festividades nacionales están a punto de terminar y yo ya tengo depa ¡Claro que es una noticia igualmente importante! Ya recordarán lo que es estar buscando una casa. Lo que sí tal vez no recuerden es tratar de rentar un departamento por un corto periodo de tiempo. Y lo que posiblemente no les haya tocado es rentar un departamento en Canadá, a unos chinos y por el precio que uno debe pagar, que el habitáculo sea malísimo. 

El precio de la renta no es tan malo, el departamento cuesta $580 CAN ($1CAN = $10MXN, así que está fácil la conversión); la zona no es tan mala; pero sí existen los contras. Le renté el departamento a una arrendataria china, china china, que apenas habla inglés. Lo bueno es que como somos tres la renta nos toca de a doscientos, que para Montreal eso es muy buen precio. No estamos TAN lejos del centro y el barrio es muy tranquilo. Mis compañeros de depa son: Gabo, como se pueden imaginar y un tercero: Alvaro Figueroa, estudiante también del ITESO. Ya sabemos cómo somos, nos encantan las credenciales. “Alvaro que…” “Figueroa mmm, no es hijo de…” El caso es que a Alvaro lo sacamos de mundo joven. Cuando fuimos a comprar el boleto de Gabo, Alvaro iba con un amigo en común. Resulta que también venía a Montreal. Si creen que eso es una coincidencia espérense al resto.

Cuando llegamos tratamos de contactar a mis amigas ambientales pero nunca respondían los e-mails y no tienen teléfono. Un viernes Gabo contactó a un amigo montrealés, que a su vez tenía un amigo influyente en un antro. Después de unas cervezas en un bar nos dirigimos al antro en cuestión. Como Guillaume era influyente, no necesitábamos hacer la cola; mientras se arreglaba con el cadenero, volteo a la derecha y ahí, sin previo “rendez-vous” estaban mis amigas ¿Coincidencia? 

Aparte de esa ocasión, nos pasó que un día en el metro veo acercarse a Arturo Morales (sobrino se Zaida y Osvaldo), esta vez tampoco habíamos quedado de acuerdo. Coincidió que tenía que tomar el metro al mismo momento y estación que nosotros. Raro ¿no? Pero aún no se acaban. 

Al poco tiempo de llegar a la ciudad, decidimos ir a pasear y yo recordaba que la estación Mont Royal nos brindaba acceso a calles llenas de comercios interesantes. Al salir del subterráneo fui a un kiosco de información turística. Pedí un mapa. Un señor nos preguntó si queríamos rentar una bici. Obviamente como personas provenientes del Tercer Mundo, la primer pregunta que cruzo nuestra cabeza fue ¿Cuánto cuesta? – “C’est gratuit” – el señor nos respondió. Al ver que la renta era gratis, rápidamente accedimos y llenamos los requisitos para el préstamo. 


Se trataba de un programa municipal para disminuir el número de vehículos en la zona con objetivos ambientales. No solo eso. Además coincidió que fuimos los primeros en rentar las bicicletas y el señor que nos las había ofrecido era el redactor en jefe del “Journal de Montréal”. Hasta nos tomaron una foto recibiendo las bicicletas y unos panfletos. Lo que sí no fue tanta coincidencia fue que perdiéramos el ejemplar en el que hacíamos aparición en la cuarta página.

Coincide que ya tenemos departamento al precio que queríamos, que ya tenemos comida y ahora solo falta un trabajo fijo para que se completen las coincidencias. Les mando un fuerte abrazo y espero que todo siga yendo muy bien.

PD: Desde hace ya unos cuantos días tenía escrito el capítulo tres. Pero por hangas o por mangas no lo había podido hacer. En cambio el capítulo cuatro viene ya encamino, no tardo en enviarlo que han pasado muchas cosas. 

1 comentario:

Cynthia dijo...

Coincidence city! qué bien que nos encontramos! me encanta tu forma de escribir, me refresca la memoria. No sabía lo de las bicis!
Baisers!!