domingo, 7 de agosto de 2011

Reto tuputamadre de 30 días día 5. Reto bicicletero de 30 días día 3

A todos esos hippies eco-amigables que me hicieron pensar en la bicicleta como medio de transporte les informo que los tengo muy presentes… en las nalgas.

He empezado a andar en bici como medio principal de transporte. El método fue el siguiente: para cortar el cordón umbilical de un transporte público eficiente, devolví prematuramente mi suscripción ilimitada anual para obligarme a usar das Vélo. Es como cuando uno deja de fumar: si se tiene una cajetilla a la mano, siempre hay excusas para fumar; pero si hacer trampa se vuelve complicado p.ej al regalar tu última cajetilla (que te costó $120) o pagar el pasaje de cada viajecito (más o menos los mismos $120 al día), entonces es más fácil cumplir con tu auto-chicote porque no tienes opción.

Creo que el párrafo anterior no lo entendió ni Dios. El caso es que ya no tengo pagado el transporte público para obligarme a usar la bicicleta. Tras tres días bajo esa premisa, podrás entender, estimado Lector, el por qué te recuerdo en las nalgas ¡Méndigos asientos incómodos! Cualquier hippie bicicletero recordará sus huesitos posteriores al tercer día de empezar a pedalear. Y si aún te resistes a andar en bici te lo advierto: te dolerá. Mi consuelo es que—dicen, en específico a mí me lo dijo Tele—al tercer día se te quita. Ya lo veremos.

Dejando a un lado esa situación (que literalmente es un pain in the ass) hay que admitir que los pedaleros tenían razón: andar en bici es divertido. Además es más rápido. Bueno, no sé qué tan divertido o rápido sea en mi patria lejana, pero en estas sociedades civilizadas donde uno tiene tanto derecho como un coche, la bici se ha convertido en el medio de transporte urbano más veloz. Me explico.

Obviamente la energía que proporciona el pollo con verduras no se compara con quemar petróleo, haciendo imposible que un humano, por el medio biomecánico que sea, alcance más de—digamos—50km/h. Pero en la ciudad las ventajas del petróleo no sirven para nada si hay que pararse en cada alto, en cada cruce peatonal, en cada vía del tren; y encima competir con otros miles de coches. Haciendo que los modestos 15 km/h de la bicicleta (accionados con pan, pasta y queso) superen a los muy intermitentes 50km/h que otorga el petróleo (si se cumplen esas asunciones iniciales, claro está).

No sé si sepas, pero que la gente se estacione en las banquetas, que le aviente el coche a los peatones y/o ciclistas y que maneje una Hummer V8 no es estándar en todos lados. Lástima por nuestro país que—una vez más—demuestra ser el espejo chafa de EE.UU. Por suerte hay gente que trata de cambiarlo y lograr hacer de nuestras ciudades unos magníficos pueblos bicicleteros.

Ya no me quejo más y cierro este post diciéndote que lo estoy disfrutando. En este país alpino hay subidas (¿a poco?) y aunque el subirlas contribuya a ese dolor rectal, el bajarlas da una sensación inigualable de libertad. Además ya no hay que esperar a que pase el camión. Ergo la bicicleta da libertad.

Epílogo
Hoy merece una mención honorífica mi familia a quien neta quiero y extraño. A todos y todas pero en especial a la más reciente adición. Me duele de veras—con nudo en la garganta y el ojo de Remy—no estar allá para su empapazón capitalis.

2 comentarios:

George dijo...

Como siguen tus nalgas???? jajaja

Luis López dijo...

jajaja gracias George, bien... mejor, es decir no bien bien pero ya es soportable. Me mintieron el dolor no se quita a los 3 días, más bien a las 3 semanas... quizás.
Por lo pronto no me he rajado: medio único de transporte :-)