viernes, 3 de junio de 2011

Auffahrt

Pues ayer se celebró la Auffahrt en Suiza ¿Que qué significa eso? Literalmente significa la subida pero en términos religiosos es—creo—La Ascensión. Con gusto honré aquel santo, deidad, perro o lo que sea que haya ascendido, como se debe: me levanté hasta que la cama me expulsó a patadas, vi la trilogía—eso es: las primeras tres películas—de los X-Men y fui a nadar. Terrible idea. Creo que queda claro cuál de las tres es la mala idea porque dormir siempre es buena idea, ídem para todo lo relacionado con los mutantes, y bueno… nadar siempre es también una buena idea. Excepto en fiestas públicas en albercas públicas.

Después de casi dos años de entrenamiento me atreví a checar si estaba, o no, abierto mi pequeño Chimulco. No debí haberme preocupado. No solo estaba abiertísimo, sino que lo estaba y hasta su pinche madre reventar. Pero eso no lo sabe uno hasta que está rasguñando la superficie. Y pues ya estaba ahí, ya hasta había vencido a los demonios de la huevacueva. Total a pesar de las abundantes boyas de carne (llámese niños) decidí saltar.

¡Cristo Rey de la Ascensión! El líquido que debiera ser translúcido parecía más bien una suspensión blanquecina de humores multiculturales aderezada de productos corporales de indeterminada procedencia. Ya qué. Decidí ejercer mi control mental y continuar con mi tercer día de terapia antitabaco. A duras penas, y nomás por aguantarme la vergüenza, alcancé mi—modesto (dadas las circunstancias)—objetivo de 1000 m. Y salí disparado… a la segunda alberca.

Digo si me he de contagiar de 30 especies diferentes de portobellos, qué por lo menos valga la pena. Ahí voy al “Wellnessbad” con la ilusión de que el agua termal purifique en vez de producir una sopa. Como era de esperarse las piscinas que ofrecen chorros a presión y camas de burbujas hervían de pueblo. Escogí un rincón, observé y así es como nació este post.

A mi lado izquierdo están las tres señoritas (dignas de verse) con acento de acá pero rasgos de quiénsabedónde. Enfrente de mí están las lesbianitas que se besan (por “lesbianitas” léase cuarentonas, embarnecidas y un tanto machorras) y a la derecha el chulo piscinas, con su séquito machos beta. Parece que esta jauría dedica sus días al gimnasio, y a demostrar en su fortísimo acento yugoslavo quien emite más testosterona. De pronto pasa el trío de hispanas mulatas; más morenas que morenas, pero menos que negras. Constato que eran hispanas porque no hacían el menor intento de moderar los decibeles.

En ellas también había una líder, quién para pronto—y propagando sus intenciones en nuestro idioma—aun viendo que los camastros burbujeantes estaban llenos, se agandalló (a base de empujar sus 200 kilos de carnes) una plaza en el codiciado lugar. Obviamente los previos ocupantes protestaron por la violación a su espacio vital. No obstante, la mulata mayor convidaba de su recién adquirida plaza a sus compañeras:

--¿A cómo de que no? ¡vengan, que aquí caben le’ digo!—una de sus compañeras se une al agandalle; la otra (la bonita) se abstiene.
--Pero si ya ’sta lleno—le contesta con su adorable acento y se queda afuera.
--¡Que no! te digo que aquí no’ apretamos—Contesta la líder mientras menea sus sentaderas para hacer espacio; nótese que al menear las sentaderas se menean también sus proporcionales tetas.

Sin saber a dónde hacerse, esta mujer voltea a todos lados. Durante la confusión uno de la pandilla de galanes pospubertos de la exyugoslavia sale expulsado a presión mientras se pelea a gritos con la corporal mujer, quien contesta gritando y se dan cuerda uno a otro. Aprovechando la distracción, el líder de los niños de cobre (los mismos pospubertos hijos del gimnasio) se dirige a la latina que no se unió al agandalle:
--¿qué también tu quieres un masaje?—le pregunta pavonéandose con un acentuado alemán.
A lo que por respuesta obtuvo una merecida mueca.

La respuesta del público a todo esto fue una unánime carcajada; mía, de las chicas de indeterminada procedencia, de las lesbianitas y de todos los demás bañistas. Por más primermundista que esté este país, a un día feriado en la alberca comunal lo único que le falta es estar en un libro de ¿Dónde esta Wally?

7 comentarios:

Anónimo dijo...

luisfer, que cotorro! me encanta como escribes, lo que describes lo que sientes! que bueno que valió la pena la entrevista con Peter, y como dices siempre mirar de frente hacia adelante. tu ma que te quiere mas de lo que te imaginas y te extraño, ya mero voy a verte!

George dijo...

wacala por el caldo de humano!!! jajaja

Luisfer dijo...

Gracias por sus comentarios, pues qué bueno que a la gente (de seguro a mi madre nomás jeje) le guste cómo escribo y también qué bueno que a la gente no le guste el caldo de humano, así pa que no contribuyan a su sazón con sus miasmas ;-)

Max dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Max dijo...

Me acorde de la mengambrea de Manzanillo recuerdas?

León Mayoral dijo...

jajajajajaja me imagino que ha de haber estado bastante cómico, mi estimado amigo! Muy buena descripción de tu día feriado. Me lo imaginé super-bien. Por cierto, has de tener temple de hierro, porque la verdad yo no me hubiera atrevido a entrar en el caldo humano... jajajajjajaja =)

Luisfer dijo...

Primero, gracias de nuevo por los comentarios.
Segundo, sorry por la tardanza.
Jajaj Max sí me acuerdo, pero en el mar -aunque probablemente haya cosas más tóxicas que los fluidos corporales- por lo menos tienes la sensación de que se limpia. Acá era un olor entre crema Hinds y Coppertone del 40 olor a taxi. mmmm qué rico.
Laion, tengo que admitir que aunque causarme asco es algo difícil ahora tengo un poquito más de recelo en entrar en esos consomés. Pero todo sea por el deporte y por la limitada indumentaria requerida para la natación ;-) o para seguir en el argot, un "caldo" de ojo.